miércoles, 21 de octubre de 2009

LO CUBANO SE LLEVA MUY ADENTRO

--- El mié, 21/10/09, JosePertierra@aol.com escribió:


De: JosePertierra@aol.com
Asunto: Lo Cubano se lleva muy dentro
Para: Newscapsules@aol.com
Fecha: miércoles, 21 de octubre, 2009 04:43


Radio Rebelde
Lo Cubano se lleva muy dentro
Astrid Barnet
Colaboradora de Radio Rebelde
web@radiorebelde.icrt.cu
20 de Octubre de 2009, 11:05 a.m.
La Habana, Cuba.- En entrevista a la revista Alma Máter, el pedagogo Guillermo Rodríguez Rivera de la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana, definió como lo Cubano y la Cubanía como “una dualidad que se expresa en dos constantes de nuestra Historia. La primera, es la burla, el choteo; la otra, es la presencia del ideal, que siempre regresa cuando más muerto se le piensa. Choteo e ideal son cara y cruz de una misma moneda”.

Por su parte, y acerca de su concepto de Cubanía, el historiador Eduardo Torres-Cuevas ha evocado al erudito Fernando Ortiz: “--Lo cubano es un ajiaco y, para cocerlo, hace falta el fuego, la pasión de Prometeo…Ninguno de los relieves de la Cultura indocubana que hoy sobreviven, puede ser adscrito a su Cultura primitiva, la cual no fue sino el prólogo de la segunda Cultura india: la taína, la que sí nos dejó vocablos, tradiciones, héroes, técnicas...Todo lo sacro de los indios murió, menos un rito que aún es rasgo de Cubanidad: la fuma del tabaco. Con Colón, se saltó de las edades de Piedra a la edad del Renacimiento. En un día pasaron en Cuba miles de años-Cultura. Con el impacto, una de las dos Culturas pereció”.
Mas esa pasión puede cocinar algo más, crear una calidad, un pueblo, una cultura nueva.
- La identificación de nuestra Cultura con la Iberoamericana y Caribeña, escribió Cintio Vitier, es una consecuencia inevitable, y también lo es la crítica y la opción ante los rumbos Culturales. Podemos afrontar la discusión de los temas polémicos desde la receptividad, pero siendo irreductibles en la guerra contra el colonialismo y el neocolonialismo Cultural… Nuestro papel no es sólo integrarnos regionalmente sino contribuir a la integración Cultural y moral del mundo. El Modernismo de Martí y Darío ya ni se estudia, ha sido suplantado por el “Modernism” y el “Postmodernism”. La suplantación es grave: nos quitan nuestras bases de sustentación Cultural. También otras doctrinas fueron --cada una en su día--, productos importados con los cuales hicimos nuestra Cultura. Esa transmutación sí corresponde a nuestra lógica Cultural. Ella también fue la resultante de una voluntad anticolonialista que hace de lo mejor de la Cultura latinoamericana y caribeña una creación estructuralmente revolucionaria. Todo producto Cultural importado lo convertimos a su (nuestro) estado naciente”.
Con los blancos llegaron los negros, cuya influencia cultural puede ser advertida en el arte, en la religión, en la psicología colectiva. El negro no pudo imponer su lengua propia, sino la de sus explotadores, como consecuencia de un modo de producción imperante y del peso demográfico de la inmigración hispánica. Pero tampoco la culta Europa le pudo arrebatar sus raíces, conservadas en sus religiones afrocubanas. Cabría definir, entonces, que para comprender el sentimiento y corazón del cubano no hay que estudiar e investigar razas, sino Culturas.

Al respecto el escritor Miguel Barnet ha señalado: “El proceso de transculturación indo-hispánico matizó la lengua española, que salió triunfante. Durante los siglos que duró la trata, muchos africanos fueron traídos a Cuba. La diversidad lingüística cultural fue explotada por los esclavistas, que formaban grupos de trabajo con individuos de varias procedencias para que ninguna lengua les sirviera de comunicación. La presencia asiática fue mínima. Otros inmigrantes fueron los árabes; los judíos igual emigraron a Cuba. La lengua española es parte de la Cultura cubana, es el marcador absoluto de nuestra identidad socio-cultural. Somos un pueblo racialmente heterogéneo, pero lingüística y culturalmente homogéneo”.
Lo Cubano en la Neocolonia
Con el advenimiento del siglo XIX a la Isla se le implanta el sello de República –léase y agréguese el vocablo Neocolonial—y se convierte en otro lugar paradisíaco pero, para un vecino mucho más cercano a sus costas. La Cultura estadounidense –con su coletilla American Way of Life--, trató de invadir la psicología del cubano a través de innumerables medios como el cine, la radio y, poco después, la televisión.
Los largometrajes y seriales televisivos norteamericanos, por ejemplo, saturaron el mercado con la venta de valerosos e intrépidos vaqueros o gánsters y de rubicundas y delgadas actrices, representados como nuevas formas alternativas de existencia y de absorción de nuevos hábitos. Incluso, las cintas de gángsters fueron muy populares, e influyeron en el estilo de violencia de los políticos de turno y sus seguidores. Así, el Modo de vida americano lo alcanzaba quien, mediante su actuación cotidiana, lo consumiera.

La discriminación racial, por supuesto, se acentuó cada vez más. Los residentes estadounidenses en la Isla la practicaron de forma desvergonzada, en especial, en el sector del turismo y en diversas y bien remuneradas plazas laborales donde se exigía que el empleado fuese blanco. Los prejuicios del Norte fueron transplantados al ambiente cubano y sirvieron de elemento racional para la discriminación. Existía una sola lectura en lo que correspondía al concepto civilización: rechazar a África cuando se formule el concepto de cubano. Así se rechazó también a una manifestación bailable como la rumba, porque evocaba precisamente a la negritud, a lo primitivo, a lo africano.

Tras el triunfo de la Revolución el panorama cambió y, con él el concepto de Nación e Identidad.

Como expusiera, categóricamente, Don Fernando Ortiz: “La Cubanidad es el fruto de fases diversas en nuestra formación...Es la necesidad de ser y la voluntad de serlo”. O como especificara Miguel Barnet: “Para mí lo esencial de la Cubanidad es el resultado de fases y etapas diversas en la formación de nuestro pueblo. Ese fondo que condiciona actitudes, aspiraciones, sentimientos, modos de ser y de vivir y, sobre todo, esa compleja amalgama que conforma lo más profundo de la mentalidad cubana. Profana, libérrima, alegre, fuerte, retadora y siempre situada en el límite de todos los límites”.
En una ocasión la profesora universitaria de varias generaciones doctora Mirta Aguirre, definió: “Los alumnos interpretaron la pregunta de tres maneras diferentes. Unos consignaron cómo somos los cubanos; otros, cómo son los cubanos; y, terceros, cómo nos vemos los cubanos. Hallaron más rasgos buenos que malos, al igual que los señala Don Fernando Ortiz: sensuales, sabrosos, sexuales, alegres, optimistas, decididos, valerosos, heroicos, titánicos, internacionalistas, solidarios, amistosos, sociables, cálidos, inteligentes, comunicativos, extrovertidos, cultos, instruidos, educados, emotivos, vehementes, creativos, etcétera. Entre los epítetos negativos colocaron los de exagerados, tremendistas, hiperbólicos, autosuficientes, alardosos, fanfarrones, escandalosos y bullangueros. De ahí hacia abajo, con poco consenso, ubicaron los epítetos de burlones, inconstantes, dados al choteo, chovinistas, pícaros, bichos, pillos y otros”.

Lo cubano, se lleva muy dentro. Su Identidad, ni se decreta e impone. Es herencia y tradición y, cada generación, la recuerda, percibe y siente. Es pasado, presente y futuro por su riqueza espiritual y humana. Por su magnífica Historia.



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